10.04.2009

Del loop -infinito-

Si había entendido claro, ella me quería dar algo que costaba más de diez mil pesos en mi cumpleaños, no supe si sentirme mal por realmente querer ese regalo o por dejarla gastar tanto dinero en un simple regalo.
Llegamos al cruce de avenidas y me bajé, le tocaba a ella manejar. Mientras caminaba al otro lado de la camioneta, supe que me había precipitado, ella supo que tal vez no era una muy buena idea lo del regalo y mejor no dijo nada. Supe entonces que no debía tocar el tema, subí a la camioneta y tomé de la mano, le dije que diera vuelta a la derecha.
Todavía no entendía qué hacía ella de regreso, me lo pregunté mientras dudaba si realmente quería saber. La miré otra vez, su cabello amarillo y sus lentes gigantes. La camioneta era lo único que no cuadraba, era blanca y yo la recordaba negra. También el hecho de que sabía ella tenía novio, al menos es lo último que supe, dejé llevarme y apreté su mano.
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Logré jalar lo suficiente para que encendiera el motor, no lo había prendido en sabe cuánto tiempo. En cuanto sentí la vibración de los pistones, metí el acelerador a fondo. Vi algunas chispas saliendo de la pequeña batería, pero no me asustó, lo único que quería era que encendiera.
Era un pequeño vehículo armado de partes sobrantes y sobre la base de un diseño que había visto en el internet. Todavía le hacía falta todo el trabajo de laminado y pintura, pero hacía mucho que no tenía tiempo para trabajar en él y ahorita sólo quería irme de ahí.
Puse mi mano sobre la pequeña palanca de velocidades a un costado, sólo tenía tres pero ya no recordaba siquiera cómo seleccionar la primera. Solté el embrague y dejé que el acelerador-regulador de aire-me fuese diciendo si estaba mal. Me desplacé un poco sobre la calle empedrada y levanté la mirada, la mamá de un amigo me miraba a lo lejos.
Bajé del pequeño gokart y caminé hacia ella mientras me limpiaba las manos en la pequeña bola de fábrica textil que todos los mecánicos usan para lo mismo. Me saludó y le saludé, le pregunté por su hijo, me dijo que no sabía dónde andaba. Miré su carro y pude ver un golpe muy fuerte en la puerta del conductor, me dijo que era el golpe que le había dado su hijo y entonces recordé la pequeña anécdota.
Se despidió y me preguntó cómo había llegado. Quise decirle que en el gokart, pero sabía que no, apenas si lo había podido encender. Busqué mi coche estacionado donde yo recordaba haberlo dejado, no estaba. Un poco de pánico empezó a apoderarse de mí hasta que recordé que /ella/ me había dado raite hasta ahí.
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Era una exposición de materiales para oficina, toda la casa estaba llena de representantes de diferentes marcas y gente queriendo convencerte para ser tu proveedor principal. Caminé entre los estrechos pasillos buscando a mi pequeño hermano. Cuando lo vi a varios metros le grité que debíamos irnos pronto. Cuando regresé horas después no podía creer que se había quedado atrapado ahí dentro.
Alguien había cerrado toda la casa sin cersiorarse de que todo mundo estuviera fuera. Nadie me supo decir dónde estaba mi pequeño hermano y la última vez que lo había visto era ahí dentro, así que decidí entrar como fuera posible. Di varias vueltas tratando de buscar la mejor forma de entrar y lo único que encontré fue un pequeño hueco al lado de una puerta. Empecé a romper al rededor del hueco para poder pasar hacia adentro. Tardé varias horas y ya tenía la mitad de mi cuerpo dentro cuando escuché a alguien salir por la puerta.
Era mi pequeño hermano, todo este tiempo había podido abrir la puerta y no lo había hecho, no supe si no me vio o realmente no supo que podía abrirla y evitarme horas de trabajo en vano. Lo miré enojado y le dije que era hora de irnos, lo tomé de la mano y le pregunté por su primo, le grité para que saliera también.
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Le había llamado a mi amigo para que me ayudara a llevar a toda mi familia, había aceptado con gusto, como el hombre de palabra que siempre había sido. Subí a mi pequeño hermano a la camioneta, el primito se subió solo. Dentro ya venía una tía y otro primo más grande que yo. Teníamos que pasar por la feria donde todavía estaban los demás sin saber que debíamos irnos.
Al llegar, la música y ruido eran altos, lo único que se podía ver desde afuera era la gran /rueda de la fortuna/. Le dije a mi tía, menor que yo, que fuera a buscar a los que pudiera dentro. Salió cinco minutos después sin nadie, me dijo que ya todos estaban en la casa de mi mamá, esperándome. Le dije a mi amigo que manejara para allá.
Al llegar, ahí estaban ya todos. Traté de enseñarles en mi computadora lo que estaba a punto de pasar pero al tratar de sacar el video donde se explicaba todo, parecía que alguien lo había sustituido por uno no apto para menores de edad. Esperé que no lo hubiesen notado pero la risa de varios me dijo que no lo quité tan pronto como pensé. Les dije que abordaran la camioneta que estaba fuera, era tiempo de irnos.
Íbamos en camino cuando me llegó la noticia a mi pantalla, si no nos apresurábamos, todo iba a ser en vano. Le dije a mi amigo que se detuviera, que quería llevarme la otra camioneta. Se detuvo unas cuadras después y bajé a todos. Él presionó algo en el mando a distancia y pasó algo que en su momento me pareció de lo más normal. La camioneta se partió a la mitad y ambas partes crecieron para formar una camioneta cada una. Nunca pude entender cómo era capaz de guardar un segundo motor sin que fuese visible por el exterior, lo demás no me parecía gran asaña.
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Tuve que brincar con ambos autos en movimiento.
Lo único que podía detenerlo todo iba en el segundo cajón que, para ayudar en todo, se había atascado y sólo de forma manual podía ser desenganchado. De los pocos que habíamos detectado la anomalía, yo era el que estaba en mejor condición y no había tiempo para esperara a llegar a una decisión unánime. Inhalé profundamente antes de saltar, la última vez que había hecho esto era para conseguir comida en algún lugar que ya no recordaba.
Cai tan fuerte que el cajón logró moverse un poco y por un segundo temí que se volcara. A lo lejos se podía ver ya la pequeña anomalía que estaba comiendose todo a su paso. Recuperé mi estabilidad y me acerqué a donde se había atascado, traté de lanzar mi zapato para ver si lograba desengancharlo pero no resultó. Los demás ya no me seguían, se habían detenido kilómetros atrás y esperaban que lograra hacerlo.
Decidí entonces que debía hacerlo con mis propias manos, me garré de la estructura mientras ponía mis pies en el borde que unía ambos autos. Cuando me sentí seguro, me solté e incliné mi cuerpo para que mis manos tocaran el carro contiguo. Con una mano deteniéndome y sabiendo que en cuanto lograra desenganchar el cajón caería, bajé mi otra mano hasta que la pequeña pieza metálica que detenía el desenganche estuvo a mi alcanze. Inhalé una vez más y cai.
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La avenida ya la conocía, había manejado tantas veces por aquí mientras estaba en la escuela que me pareció más recomfortante caminar. No recordaba por qué solo traía un zapato pero por lo menos traía ropa, era toda una travesía cuando aparecía sin ropa.
Caminé viendo el cielo, era azul y las nubes dispersas tratando de ocultar el sol. La vegetación al lado de la carretera era de un alto y color verde uniforme hasta donde podía ver. Parecía que no había pasado mucho desde la última vez que llovió.
La carretera también parecía bien cuidada, recién restaurada y sin baches. La pintura delineando los dos carriles parecía también recien retocada, si alguien me preguntara, diría que la carretera era nueva. Seguí caminando tratando de recordar la fecha, no traía nada esta vez conmigo ni veía alguna casa u otra persona para preguntar.
Llegué al cruce de avenidas, los camellones era nuevos, eso sí no lo recordaba ni lo había visto. El pasto en ellos estaba muy bien cuidado y las palmeras que había puesto también. Todo parecía estar demasiado limpio y en orden, no supe si asustarme o disfrutarlo mientras podía. Esperé a que el semáforo me indicara que podía pasar, no había muchos autos pasando, pero era tampoco tenía prisa de llegar - ¿a dónde iba?
Una camioneta se paró a mi lado, la puerta del conductor seguía abierta y alguien estaba en el siento de a lado. Busqué a quien sea que se acababa de bajar con la mirada pero no encontré a nadie. Volví a mirar dentro de la camioneta pero la luz y la opacidad de la ventana no me dejaba ver bien. De pronto ese alguien tocó el claxón, era hora de irnos.

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