Levanté mis brazos a cada costado, bajé la mirada y cerré los ojos, sólo era cuestión de tiempo hasta que pudiera concentrarme lo suficiente para poder dejarme llevar y caer en otro tiempo. Repetí mi nombre y la fecha donde quería caer: Martín Calzada, tres de noviembre de mil novecientos sesenta y tres. Tres de noviembre de mil novecientos sesenta y tres, Martín Calzada. Martín Calzada, tres de noviembre de mil novecientos sesenta y tres.
Me apuntó con la determinación firme en sus ojos, aún así yo sabía que esa pistola jamás me haría daño, era imposible. Me acerqué a ella y antes de arrebatársela escuché el vacio del barril al tratar de dispararme. Por más que le advertí no me escuchó, soltó en llanto y decidí alejarme.
Uno de los cuadros en la pared cambió, justo antes de que uno más apareciera. Nadie más lo notó, pero yo sabía que era hora de retirarme. Me puse de rodillas y levanté mis brazos, caí quién sabe dónde, quién sabe cuándo. Antes de que el mareo desapareciera, intenté forzar mi vista para enfocar cualquier cosa que me ayudara a saber, los mareos aumentaban cada vez más, volví a caer e intenté concentrarme mientras lo hacía.
10.02.2010
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

0 comments:
Publicar un comentario