- Espérame afuera, en un par de horas sedrá mañana y podré salir por ti para ir a desayunar o algo. - No me agradaba mucho esperar, menos con el frío de las cuatro de la mañana y sabiendo que irremediablemente iba a quedarme dormido pero me despertaría cada cinco minutos. Decidí quedarme en la arena, una arena tan suave que fácilmente podía quitármela de la ropa. El sol no iba a salir por aquí pero era mejor a que su papá me encontrara.
Su papá me encontró. Con su bigote de papá se acercó a mí mientras hablaba con ella. Nunca me dirigió la mirada pero podía escuchar que se refería a mí. - Ya lo he visto en las apuestas, esos parlays y superfectas. - Se sentó a mi lado. ¿Me iba a dirigir la mirada por primera vez? Intenté pensar en algo qué decir, algo que no me dejara ver como el tipo que espera a su hija fuera de su casa a las cuatro y media de la mañana sentado en la arena y cabeceando.
Tenía que regresar, como siempre, estaba perdido y no sabía ni dónde ni cuándo estaba. Decidí seguir a Luis, me caía mal desde aquella vez pero era el único que sabía moverse tan bien y seguramente sería el único que podría cruzar el río a esta hora. Era de noche, no sé cuánto tiempo llevaba aquí o qué debía hacer esta vez. Intenté recordar, alguna extraña memoría que no podía enfocar me dijo que estaba en una isla, concordaba bien y de ser así, era imperativo no despegarme del grosero de Luis. Recordé a mi amigo, dejándose caer desde el pequeño balcón desde la habitación, creo que yo estaba ahí; creo que ella estaba ahí.

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